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    August 04

    TRABAJO Y DESARROLLO PARA LAS FAMILIAS

    Los habitantes de 11 veredas de Alejandría reemplazaron sus potreros por cultivos de higuerilla, que en poco tiempo serán su sustento y su forma de encontrar el progreso. Un proyecto para la equidad.

     

    Margarita Isaza Velásquez

    Antioquia se toma la palabra

     

    Cuando recuerda esa época de la crisis del café, se quita el sombrero y reniega: “No, no, no… Ni me hable de eso que ¡Avemaría!”. El hombre era un aventurero que había viajado desde Concepción hasta el Quindío a buscar fortuna y a cosechar café. Allá aprendió la disciplina del campo y el manejo de los cultivos. Ganó dinero y también lo perdió como miles de colombianos que se dedicaron por completo a la producción cafetera.

     

    Esos tiempos quedaron atrás y el hombre regresó a Concepción y luego a Alejandría, en el oriente de Antioquia, a encontrar otra suerte. Allí se enamoró, se casó y hoy tiene dos hijos: Duberney, de 7 años, y Ana María, de seis meses. Vive en la vereda Tocaima y sus tierras están llenas de juicio, de levantadas en la madrugada, de sueños para el futuro y de vida. Una parte de las 10 hectáreas que tiene están sembradas de café, fríjol y maíz. Tiene también cultivos para la casa como yuca, aguacate y tomate de árbol. Y en sus últimas montañas, hay dos hectáreas llenas de higuerilla, un árbol que produce semillas cuyo aceite es preciado para la producción de biocombustimbles.

     

    El hombre se llama Mario Franco y tiene 42 años. Es un campesino de ojos que demuestran la transparencia de su alma. Tiene la piel curtida por el sol y las manos duras, fuertes y listas para saludar y para trabajar. También para estudiar. Está cursando octavo grado en el casco urbano de Alejandría, adonde viaje los jueves y los viernes con su maleta de cuadernos. Decidió terminar el bachillerato para poder capacitarse en una tecnología agropecuaria y para recibir capacitaciones con mayor propiedad.

     

    “Es que todo hay que aprenderlo, unas veces con la práctica y otras con el estudio”, dice Mario. “Vea con la higuerilla: creímos siempre que era una maleza o que servía más bien poquito, pero ahora yo veo que ahí hay mucho futuro, porque el petróleo de los combustibles tradicionales se está poniendo muy escaso y porque la naturaleza está pidiendo que la descontaminemos”. Y es que una hectárea de higuerilla sembraba capta de 16 a 20 toneladas de CO2 (bióxido de carbono) que se transforman en oxígeno.

     

    El cuento con la higuerilla comenzó cuando en el Hogar Juvenil Campesino de Alejandría se pusieron a buscar un proyecto productivo. Pasaron por las aves, los marranos, los peces, el café, las frutas… y terminaron en la higuerilla, un nombre que alguien encontró en Internet. Y se pusieron a buscar y hallaron que podía ser un cultivo no muy complicado, es decir sin grandes plagas, sin muchas exigencias de abonos y perfecto para las condiciones topográficas del municipio. Además vieron que era rentable, que muchas compañías dedicadas a los biocombustibles se interesarían por comprar toda la producción de semillas o de aceite. Con esa información y en la búsqueda de más, 25 personas, capacitadas en el Hogar, se pusieron manos a la obra.

     

    Necesitaban muchas hectáreas y muchas personas dispuestas a sembrar en sus parcelas para beneficiarse del proyecto. Su gran problema: quitarle a la gente la idea de que la higuerilla es sólo una maleza o un árbol de semillas sin mucha utilidad. Ahí fue cuando empezaron a hacer campañas en las 14 veredas de Alejandría y a convencer familias de que todo proyecto tiene sus aprendizajes, sus problemas y también sus beneficios.

     

    Así fue como reunieron a las 30 familias que hoy son parte del proyecto, las cuales conformaron la Asociación de Productores de Higuerilla, que será un ente autónomo que se dedicará a asuntos administrativos, a capacitar cada día más a sus usuarios y a la comercialización de las semillas y, pronto, del aceite ya extractado.

     

    En la finca de Mario sembraron en febrero las primeras matas, unas tres mil en dos hectáreas, y en 20 días recogerán las primeras semillas que serán almacenadas en una bodega hasta que él y otros beneficiarios del proyecto reúnan la suficiente cantidad para que pueda venderse ya sea como semilla o, si todo sale bien, como aceite listo para refinar y convertir en biocombustible.

     

    Después de ese primer graneo vendrán más y más semillas, que se recogerán regularmente, pues este cultivo no es como el café que tiene dos cosechas al año, sino que mes tras mes se van viendo sus resultados. También habrá que podar las matas para que no crezcan demasiado, por encima de un metro con 80 centímetros, pues la idea es que se expandan hacia los lados, y así poder recoger con mayor facilidad las semillas que produzcan.

     

    Marta Elena Osorio, quien es tecnóloga agropecuaria y trabaja en el proyecto desde el impulso en el Hogar Juvenil Campesino, cuenta que hace poco les surgió una idea que esperan convertir en realidad dentro de un año: tener una planta extractora de aceite. “No es lo mismo vender la semilla que el aceite, ni tener intermediarios a no tenerlos. Ahí es donde ha estado siempre el problema para el productor, para el campesino: le toca el trabajo más duro y se queda con las menores ganancias. Si logramos tener esta planta, se incrementarán los beneficios para los miembros de la Asociación de Productores”, dice Marta Elena. “Hasta este momento es una alegría para nosotros saber que ya tenemos la comercialización asegurada. Negociamos con la empresa Green Oil  y ellos van a comprar la producción de las 30 familias, que en un futuro esperamos sean 50”, agrega, con cierto orgullo.

     

    Ahí, en la finca de Mario, a diez minutos en moto desde la cabecera municipal, están las primeras montañas sembradas de higuerilla. Desde lejos se ven los árboles medianos con sus hojas anchas dándoles sombra a los perritos de la casa. Son matas distanciadas dos metros entre ellas y cuatro metros en cada calle, lo cual permitirá su crecimiento horizontal. Todo el día les da el sol, pues no toleran la sombra, y así, con esos rayos, darán la semilla que hoy mantiene las ilusiones de esas 30 familias.

     

    Mario también está contento y orgulloso. Él sabe que ese cultivo puede traer muchas cosas buenas para su esposa, sus hijos, su vereda y su municipio. Lo importante ahora es la dedicación y el empeño que se le ponga para mantenerlo sano y lleno de semillas.

     

    Con el tiempo, tal vez se mejoren las vías de acceso, tal vez haya más y mejor educación, tal vez se creen estímulos para el campo e incentivos para este nuevo cultivo, tal vez reunirá dinero suficiente para terminar su casa y levantar a sus hijos en mejores condiciones que las actuales… Tal vez sucedan muchas cosas buenas que serán sinónimo de progreso, de bienestar y de equidad.  

    July 21

    UN VERANO PARA EL ARTE

    Este año el mundo asiste a cuatro eventos de arte que sólo confluyen una vez por década. Todo un tour de viaje por Europa con preguntas, propuestas y debates a bordo. Allí hay lugar para Latinoamérica y para las provincias del planeta.

     

    Margarita Isaza Velásquez

     

    Los eventos del verano son la feria anual de Basilea, en Suiza, que terminó el 17 de junio; la documenta, de Kassel, Alemania, que se realiza cada lustro y finaliza este año el 23 de septiembre después de cien días de exposición; el Proyecto de Esculturas de Münster, en ese mismo país, que se lleva a cabo cada diez años y también se extiende hasta los últimos días de septiembre; y la Bienal de Venecia, en Italia, que termina el 21 de noviembre.

     

    En estos cuatro eventos está representado el arte contemporáneo en todas sus manifestaciones. Sin embargo, la Bienal de Venecia y la documenta de Kassel son los más reconocidos en nuestro país y de los que se tiene mayor información. En ambos hay participación de artistas colombianos y latinoamericanos.

     

    Este par de eventos son una muestra de la producción artística de hoy, son un conglomerado de preguntas que cuestionan y redefinen esa misma contemporaneidad, y tienen en común, además de su importancia y su propósito, aspectos históricos y económicos que los han hecho sobrevivir desde sus primeras versiones.

     

    Venecia fue en el siglo XVIII un puerto en decadencia. Estaba lejos del resto del continente y no había producción ni industria alguna que le diera valor como ciudad europea. A mediados del siglo XIX, por los años de 1850, se empezó a construir un lazo que la vinculara con tierra firme y ahí, de nuevo, Venecia empezó a florecer. El intercambio comercial mejoró los ánimos y la economía de sus pobladores, de modo que para cerrar la centuria se decidió establecer allí un festival de arte que sirviera para atraer más gente y para convertir la ciudad en un puerto de turismo cultural. Desde 1895 hasta hoy han transcurrido 52 versiones.

     

    Kassel no fue como Venecia un puerto importante; ubicada en el centro de Alemania, la pequeña ciudad de menos de 150 mil habitantes, fue en los siglos XVIII y XIX lugar de veraneo de nobleza y elite. Ya en el siglo XX, en especial durante la Segunda Guerra Mundial, fue un punto importante en el mapa alemán por su posición estratégica. Después, en 1955, durante la posguerra, cuando Alemania había perdido y se encontraba destruida en lo económico y en lo moral, Kassel, en el corazón del país, abrió la primera documenta. El verano de este año presenta la versión 12.

     

    La mirada curatorial

     

    Los eventos de arte de esta magnitud no convocan la participación de los artistas, sino que son escogidos por un curador, por medio de sus contactos en todos los países del mundo y bajo una mirada específica que representa el marco teórico de cada festival. Así lo explica Conrado Uribe, coordinador de curaduría del Museo de Antioquia: “Una propuesta curatorial es una búsqueda que plantea uno o varios temas en los que se escogen determinadas obras artísticas para dar cuenta, finalmente, de lo que se está haciendo con respecto a ciertos aspectos y ciertas preguntas”.

     

    Los eventos de este verano tienen también esas miradas curatoriales que pueden conocerse en los títulos, subtítulos y frases al aire de los que se habla en cada programa.

     

    Según el crítico Darío Ruíz, “cada evento, sea la Bienal de Venecia, la documenta, u otro de esta talante, obedece siempre a una determinada temática: el cuerpo, la figuración, las crisis urbanas, etc., y de acuerdo con estas temáticas se escogen los nombres que se consideran más representativos en este tipo de trabajo y de investigación. La filosofía de estos eventos ha ido cambiando junto con el alcance de estos y sus propósitos estéticos en el ámbito internacional. Quienes invitan a determinados artistas consideran que estos responden a la filosofía que se le ha dado a la versión consignada”.

     

    Por otra parte, los eventos tienen temporalidades distintas que permiten a cada curador hacer recorridos por los países y designar en ellos otros curadores que escojan lo que se adapte a la mirada propuesta. No es el mismo proceso de escogencia para un evento bianual que para uno que se realice cada cinco o cada diez años.

     

    De acuerdo con Natalia Tejada, directora del Museo de Arte Moderno de Medellín, ahí también hay un proceso de visibilización pues los artistas, para ser reconocidos por un curador que los pueda conectar a este tipo de eventos, tienen que estar en constante movimiento; de allí que hoy la mirada curatorial esté rodeada por lo que algunos expertos denominan “la tiranía del curador”.

     

    Mente y sentidos

     

    La Bienal de Venecia tiene este año cuestionamientos al arte mismo que definen su muestra. La curaduría del evento estuvo a cargo, por primera vez en toda la historia de la Bienal, de un estadounidense. Su nombre es Robert Storr, quien durante doce años fue comisario del Museo de Arte Moderno de Nueva York. 

     

    “Piensa con los sentidos. Siente con la mente” es el concepto que planteó Storr. Según él, “esto se predica con la convicción de que el arte es ahora, como lo ha sido siempre, el medio por el que los humanos toman consciencia de la totalidad de su ser. Sin embargo, no se asume que el resultado sea un todo duradero o que el arte sea una solución mágica para los conflictos en nuestra naturaleza o en y entre las diferentes culturas y sociedades”.

    Para aportar a este concepto hay 77 países representados en los pabellones, entre los que se encuentran muy visibles América Latina, los países del Medio Oriente y las naciones olvidadas como Tayikistán, Moldavia y Azerbayán.

     

    El título del evento, además, es una pretensión de acercar al arte a quienes no son artistas ni conocedores ni académicos. De acuerdo con el curador, “Las bienales no están hechas para aquellos a los que Stendhal llamó los ‘pocos elegidos’, es decir los que compartían no sólo el mismo entorno social y el mismo planteamiento cultural, sino también una determinada sensibilidad. Las muestras tampoco están hechas para que los que pertenecen al mundo del arte -profesionales y curiosos- puedan reunirse como en un congreso. Las bienales son más bien lugares donde se encuentran mundos artísticos diversos en presencia de un público amplio, variado y (contrariamente a lo que opinan los comentaristas de los más distintos signos políticos) apasionado e imprevisible”.

     

    Bajo esta misma idea de hacer circular el conocimiento artístico, el subtítulo de la Bienal es “El arte en el presente”, otra mirada curatorial, en la cual la modernidad es la protagonista y es expuesta en la muestra central internacional y en los pabellones internacionales.

     

    Pero más allá del mismo arte, la Bienal representa para Venecia un movimiento turístico sin igual, un récord en el costo invertido y la presentación de 100 artistas en 77 pabellones nacionales y 34 exposiciones anexas. Si bien la ciudad italiana tiene flujo turístico todo el año, es en épocas de este evento cuando el mundo entero posa sus ojos, y también su bolsillo, sobre ella.

     

    Lo más significativo en la versión actual es el nuevo Pabellón Italia, con una exposición dedicada a los artistas Francesco Vezzoli y Giuseppe Penone. También son representativos el nuevo pabellón dedicado a Turquía en medio de la muestra central y una exposición que contempla el arte africano contemporáneo. Además, Latinoamérica, como en la versión de 2005, está presente con un récord de artistas, entre los que se encuentran tres colombianos: Rosario López, Óscar Muñoz y José Alejandro Restrepo.

     

    Entre los nombres destacados en la Bienal están Louise Bourgeois, León Ferrari, Gerhard Richter, Bruce Nauman, Robert Ryman e Ilya Kabakov; así como los maestros ya muertos Felix González Torres, Jason Rhoades y Sol LeWitt.

     

    Modernidad y Antigüedad

     

    La documenta de Kassel es considerada el evento de arte contemporáneo más importante del mundo; sin embargo, este año, los mismos organizadores cuestionan esa contemporaneidad y la contrastan con lo moderno y lo antiguo, de allí que la tercera parte de las más de 500 obras que se exponen este año pertenece al pasado.

    En su versión número 12, la documenta pregunta “¿es la modernidad nuestra antigüedad?”. Y la respuesta a ella se da en los mismos pabellones que presentan incluso arte religioso de Asia u obras que no están enmarcadas en lo que el mundo ha llamado “arte contemporáneo”. Según el curador de este año, el alemán Robert Buergel, “contemporáneo no significa que las obras fuesen creadas ayer u hoy, sino que deben resultar plenas de significado para nosotros, quienes vivimos en la época actual”.

     

    Para armar esa red que conecta a la Modernidad con la Antigüedad, Buergel escogió en la muestra de Kassel a artistas y obras procedentes de todas las regiones del mundo, incluyendo a Latinoamérica. Su objetivo, según él mismo, fue dejar de centrar la atención en el arte europeo, occidental y estadounidense. “Pero no quería mostrar a artistas africanos o indios o árabes superficialmente. Quería mostrar la profundidad histórica de geografías culturales sobre las que no tenemos ningún conocimiento”, dijo. “Tenemos que adentrarnos en las tradiciones artísticas de esas culturas porque también nos ayudan a comprendernos a nosotros mismos”, añadió el curador.

    Con obras del pasado que aún retumban en el presente, Buergel confirma el primer lema de la documenta 12, y añade un par de frases que son también una discusión teórica del arte de hoy: “¿Qué es la vida desnuda?” y “Educación: ¿qué hacer?”.

     

    Después de la discusión de lo moderno y lo antiguo, la vida desnuda trata, según Jenny Muegel, del Instituto Goethe de México, “sobre la absoluta vulnerabilidad y exclusión de la vida humana. Se refiere a la parte de nuestra existencia que nunca será protegida por medida de seguridad alguna. Pero como en la sexualidad, la absoluta vulnerabilidad y el infinito deseo pueden estar incómodamente conectados. La vida desnuda conoce una apocalíptica e inequívoca dimensión política, en cuyo final están la tortura y el campo de concentración”.

    De esta pregunta se aprecia que la documenta de Kassel no está pensada como la Bienal de Venecia. De acuerdo con Conrado Uribe, “la documenta es mucho más teórica y por lo tanto requiere un nivel más elevado de conocimiento artístico que la Bienal, y no está, por lo tanto, pensada para acercarse a todas las personas que quieran visitarla”.

     

    No obstante, la tercera pregunta se refiere a la educación estética, tanto del público como de los mismos artistas. Cabe recordar que la cultura es en Europa un eslabón importante de la economía y de la política, y que allí, por la cantidad y calidad de eventos que se realizan, las personas están más cerca del arte y lo conocen mejor que en otras latitudes.

     

    Así, con la documenta 12, la feria de Basilea, el proyecto escultural de Münster y la Bienal de Venecia, el mundo tiene la oportunidad de conocer el arte que se hace hoy y que se ha hecho, así como puede preguntarse por la vida misma, la guerra, la política, la religión, la cotidianidad, lo moderno, lo antiguo, la estética y, en fin, por un sinfín de temas que se incluyen en las miradas curatoriales de quienes han tenido la tarea de escoger las obras para presentarlas y repensarlas ante el público.

     

      

    May 22

    EN LA MINORISTA HAY PARA TODOS

     
    La plaza de mercado ofrece el sustento diario para los que tienen y los que no tienen. Adentro, habitantes transitorios compran y venden para llevar a sus casas los mejores artículos. Afuera, cada miércoles, la espera de unos pocos se convierte en alimento de todos.  

    Margarita Isaza Velásquez 

    Desde las cinco de la mañana empiezan a llegar como gotas de lluvia. Primero, unos pocos se saludan y toman el tinto, mientras acomodan sus costales para sentarse en la manga. Después, cuando el sol ya ha salido y son más de las siete, las mujeres van llegando y se hace la multitud. Comienza la fila.  

    Y así es un miércoles más para Eliana, Nelly, Rubiela y Gladis, también para el Negro y para el Araucano. Las mujeres tuvieron que esperar a que fueran las ocho para llegar, pues antes debían despachar a sus hijos para la escuela o la guardería, también dejar el almuerzo listo y organizar un poco la casa.  

    El Negro llegó de Granizal, donde él dice que queda su campamento, pues allí sólo duerme; el resto de las horas es un guerrero de la calle, que se levanta como puede los pesos para comer y para vivir. De su Costa querida, el hombre trae alegría para todos: les cuenta chistes, los hace reír, les trae frutiño para que se refresquen y a veces les cuida el puesto en la fila.  

    El Araucano es un peladito que se vino de los llanos porque no quería seguir estudiando y su tío de Medellín se lo trajo para que no perdiera el tiempo. Aquí estudia los sábados y el resto de días los ocupa ayudando al tío o trabajando por ahí. Este miércoles es la primera vez que va a hacer fila. No sabe cómo es la movida con los fichos y apenas les habla a sus nuevos compañeros. Los está conociendo. 

    Las historias de Nelly, Rubiela y Eliana son parecidas. Todas son amas de casa con hijos pequeños que las esperan en la tarde para recibirles el bulto de mercado y darles un abrazo. Ellas a veces trabajan lavando o planchando ropa ajena. Bueno, Eliana, la más joven, vende dulces y galleticas en los buses. Sus maridos trabajan de “por días” y algo consiguen, pero el dinero no alcanza o no se ve.  

    Gladis sí tiene una vida diferente. Es ama de casa, con hijos pequeños, pero es nueva en la ciudad. Se vino de Anserma, Caldas, porque allá mataron a los patrones de la hacienda en donde trabajaba y se acabó todo. Algunos familiares la convencieron de venirse a Medellín. No vio más de otra y aceptó. Vive en La Cuchilla, por Robledo, en una casucha que le prestaron. Ha intentado buscar la ayuda del gobierno, pero no la ha conseguido porque los papeles que demuestran su pobreza se quedaron en Anserma.  

    Y en la fila, además de ellos, hay trescientas personas. Es decir, trescientas historias más de pobreza o de exclusión.  

    Ya pasó el primer conteo. En ese, una muchacha pasó repartiendo los primeros fichos que van del 448 al uno. Están marcados con las palabras “Comité cívico Plaza Minorista”, y por detrás llevan un sello. Ella apunta los números en un cuaderno mientras todos regresan a sus puestos en la fila. Cuando se va, la muchedumbre se dispersa. Hombres y mujeres se sientan otra vez en los costales y conversan otro rato. 

    Nelly y Rubiela le cuentan al Araucano que la espera es larga, pues apenas no son ni las nueve. “Hace ocho días llegué muy tarde y sólo alcancé papas, remolacha y un hueso”, dice Rubiela. “De aquí estamos saliendo por ahí a las dos, porque a las doce es que comienzan a repartir”, dice Nelly. 

    Mientras tanto, al otro extremo de la fila se encuentran los integrantes del Comité Cívico. Están allá acomodando en cajas las cebollas, el cilantro, las papas, las zanahorias, el hueso y las cabezas de bagre. Terminan de organizar un bulto y llega una carretilla con más revuelto. Ninguno tiene carnet ni camiseta que los identifique. Un hombre con un radioteléfono se pasea por el lugar observando a los de la fila. 

    El Negro destapa el fiambre que trajo para desayunar. Espaguetis, arroz, huevo y arepa. “Eso es todo un almuerzo”, le reclama Gladis. “Por eso... es mi desayuno-almuerzo”, contesta el Negro.  

    Mientras la mañana transcurre, los compañeros de fila se convierten en amigos y las mujeres hasta hablan de tratamientos anticonceptivos. Los hombres escuchan.  

    Cada vez que se acerca la muchacha del conteo, los costales quedan a un lado y la fila, como de concentración escolar, vuelve a armarse. No pueden irse durante la mañana, pues sus números de ficho deben estar anotados conteo tras conteo. También, los que no alcanzan número se hacen de últimos y esperan a que sí quede comida para repartir.  

    En los últimos tres años, Rubiela no ha faltado ni un miércoles. “Yo he sido muy de buenas, porque algunas semanas hasta me he ganado las rifas de paqueticos de pollo o de frutas” dice. “La verdad es que de este mercadito, yo reparto cosas en donde mis hermanas y en la casa de mi suegra... eso sí, ellas no saben de dónde lo llevo”, agrega Rubiela. Y es que sí, pedir da pena, pero no hay más de otra. 

    A Eliana, la más joven del grupo, le encanta cuando hay frutas para llevar, porque puede hacerles jugo a los niños y, según sus palabras, “así quedan bien alimentados”. Sus hijos sólo han ido a la fila en diciembre, cuando además de comida se reparten juguetes. “No sé en qué más tendría que trabajar si no recibiera esta ayuda”, dice. 

    Y sus últimas palabras son confirmadas por todos con un movimiento de cabeza. “Ojalá algún día un rico se diera cuenta de toda esta fila que viene y cualquier miércoles apareciera con tres novillos para repartir entre todos”, comenta Gladis. Y todos ríen. “Aunque la verdad, yo sí preferiría ganar más plata y dejar de venir, porque ser pobre de por vida es muy berraco”, añade Nelly.  

    Ya han pasado los cuatro conteos y el sol del mediodía anuncia que es hora de repartir el revuelto. La fila, que parece un gran campamento, se arma y todos respetan sus puestos. Despacito, las papas, las zanahorias y las cebollas llenan los costales. Los huesos, tan apreciados para las sopas de los niños, cierran el bulto.  

    Los de atrás se quejan porque lo mejorcito ya se fue. Y ahí sí “al que madruga Dios le ayuda”. Otro día habrá más suerte y los limones se verán.  

    Nelly es la primera del grupo que sale con su costal lleno y se lo echa al hombro. Va con una sonrisa y dispuesta a caminar hasta su casa, en Moravia. Rubiela y Eliana se dirigen al paradero de buses de Santo Domingo. Los demás se perdieron entre la gente. Otro miércoles volverán a encontrarse.  

    UNA DISCUSIÓN Y UNA POLÍTICA PARA TODOS

    Por Margarita Isaza Velásquez

    A partir de hoy, Antioquia se toma la palabra se centra en la Equidad, como un tema sobre el que se debe aprender, discutir, opinar y sacar conclusiones prácticas. Para empezar, ¿qué es eso de la Equidad?, ¿para qué sirve en la vida diaria?, ¿es un asunto que sólo le concierne a los gobiernos?...

    Jorge Andrés y Miguel son hermanos. Ambos viven en la vereda El Tablazo, del municipio de Barbosa. Son muchachos que, como los demás de la vereda, dedican la vida a las labores del campo: abonar los cultivos caseros, ganarse uno que otro jornal trabajando en fincas o cortando caña y repartiendo en las mañanas la leche que venden entre los vecinos.

    Los dos siempre andan juntos para arriba y para abajo. Miguel va en bicicleta y su hermano, a pie, a un lado. Como la vereda es más bien montañosa, el ritmo de la “bici” no les gana a las piernas de Jorge Andrés.

    Desde hace un par de años, los dos también van juntos a la escuela. Pero no a la escuela de la vereda, sino al colegio que hay en Yarumito, que es mejor y tiene clases diarias. Hasta allá la bicicleta no llega, porque si bien el camino de bajada sería fácil, el de subida sería imposible. Por eso esta vez los dos van a pie hasta la carretera principal, la que lleva a Barbosa y a Medellín. Ahí con el uniforme casi impecable y los cuadernos a cuestas esperan cualquier bus que venga del norte, puede ser de Gómez Plata, de Cisneros, de Amalfi. Si no fuera porque se acompañan el uno al otro, esas dos horas de camino de ida y esas dos de regreso se les harían interminables, es más, ni siquiera irían a estudiar tan lejos... como no lo hacen muchos otros muchachos de su vereda.    

    Esta historia se repite a lo largo y ancho de Antioquia, y es apenas un ejemplo de lo que significa la falta de equidad.

    Nuestro departamento es una región que, a pesar de su riqueza, tiene una alta desigualdad social en la que más de la mitad de la población vive en condiciones de pobreza y de miseria, es decir unos tres millones de habitantes. Aunque es cierto que aquí están algunos de los municipios menos pobres de Colombia, como Envigado, Sabaneta e Itagüí, también es cierto que Antioquia posee el mayor número de habitantes pobres entre los departamentos del país.

    Esta situación hace que la región donde vivimos ocupe el deshonroso primer lugar como el departamento más desigual de Colombia, seguido, muy de lejos, de Boyacá y Santander.

    ¿Qué es equidad?

    Desde hace algunos años el tema de Equidad se está abordando en Colombia y en Antioquia. Sin embargo, siempre se ha mencionado desde concepciones diferentes que apuntan a relacionar el término con la igualdad, la justicia, la caridad, la pobreza, la riqueza, el desarrollo y el progreso. Equidad abarca todos esos tópicos, aunque no es nada de eso lo que significa.

    Según Barry Brian, profesor de ciencia política de la Escuela de Economía de Londres, “Equidad es tratar a los iguales como iguales y a los desiguales como desiguales”. Para Amartya Sen, premio Nóbel de Economía, ésta debe basarse en la igualdad de acceso a las oportunidades, siempre que existan unas capacidades similares.

    Mónica Pérez, directora de la Alianza de Antioquia por la Equidad, explica: “Cuando haya equidad no existirá diferencia de calidad, aunque sí de pertinencia, entre estudiar el bachillerato en Turbo y estudiar el bachillerato en Medellín”, esto quiere decir que si bien la oferta de oportunidades debe ser la misma, la manera como éstas se presenten debe estar de acuerdo con las condiciones del entorno de una comunidad específica. Otro ejemplo, ¿de qué serviría un bachillerato con bases agrarias en pleno corazón de Medellín?, ¿o uno exclusivamente académico en el campo?

    Estos significados y cuestionamientos apuntan a que la Equidad, o más bien la falta de ella, es también un problema cultural de nuestra sociedad que debe empezar a atacarse desde la misma conciencia. 

    La Alianza

    Como una forma de atacar el problema y con el consenso de las iniciativas privadas y gubernamentales, surgió, en el año 2004, la Alianza de Antioquia por la Equidad, un instrumento de política social que apunta a resolver los grandes problemas del departamento: la inequidad y el bajo desarrollo humano de la población.

    Según su documento estratégico y metodológico, “la Alianza se constituye en un mecanismo que permitirá a los antioqueños en situación de vulnerabilidad social gozar de las condiciones necesarias para el aprovechamiento de las oportunidades económicas, políticas y sociales ofrecidas por nuestro sistema de organización social, y que los hará capaces de proveerse de medios para la generación de riqueza y bienestar”.

    Sus objetivos planean ser resueltos para el año 2015. Son: “Eliminar el hambre infantil; lograr cobertura universal en salud con acceso, equidad y calidad; garantizar una educación con calidad y pertinencia; promover paternidad y maternidad responsable; y crear oportunidades para la generación de ingresos para los jefes de familia”. Estos objetivos planean lograrse a través del trabajo mancomunado de los gobiernos locales y del departamento, las empresas privadas, las organizaciones no gubernamentales y la misma ciudadanía.

    TUTELAS PARA PELEAR POR LA VIDA

    Cuando ni los mandatos de atención prioritaria valen para las EPS y cuando las urgencias ya no dan más espera para los pacientes, la acción de tutela se convierte en el mecanismo empleado por los ciudadanos para acceder a los servicios de salud, que constituyen, en esos casos, el derecho a la vida.

    Por Margarita Isaza Velásquez

    Ya no recuerda cuándo fue la primera vez que hizo fila. De ese día hasta hoy han transcurridos cientos o hasta miles de filas. Según ella, “esa es la vida del pobre y no hay de otra”. A su alrededor otras personas que han hecho la misma fila durante los últimos años confirman sus palabras con un movimiento de cabeza.

    Al final de la gente, o mejor al principio, donde están los que llegaron de primeros, hay un letrero que reza “tutelas”, que pareciera sinónimo de espera.

    Judith del Carmen Carmona está ahí en la fila, sentada, y haciéndoles trenzas a las correas de su bolso, para pasar el rato mientras su nombre es pronunciado por algún funcionario. Hace rato pasó lo peor: esperar la entrega del ficho. Ahora, todos se encuentran con los papeles en la mano y seguros de que serán atendidos a alguna hora, antes de que acabe la tarde.

    Por la mañana hubo una fila igual. Comenzó a las seis y los últimos salieron a las diez. En la tarde, llegan a la una y se van a las cuatro o a las cinco. Hay algunas sillas y muchos muritos para sentarse a esperar.

    Judith está ahí porque necesita la orden que le permita hacerse unos exámenes del corazón. Ella pertenece al tercer nivel del Sisbén, es decir: muy pobre para pertenecer al régimen contributivo y muy rica para ser de los dos primeros niveles del régimen subsidiado.

    Hace dos años tuvo que hacerse por primera vez esos mismos exámenes, pero la orden siempre quedaba aplazada. La razón: no había contrato, no había disponibilidad, no había quién le hiciera los exámenes. Así pasó un año y la orden nada que se aprobaba. Volvió a donde la doctora que la atendió al principio y ella le dijo: “¿Judith, usted es que se quiere morir? ¡Ponga una tutela!”. Y así lo hizo. Dos semanas después, le practicaron sus exámenes y con los resultados obtuvo un diagnóstico que hoy le ha permitido tener bajo control la hipertensión, que es una de las primeras causas de muerte de los colombianos.

    Desde el año pasado hasta hoy, cada vez que va a pedir una orden de exámenes o medicamentos o cualquier procedimiento dictado por los especialistas, debe hacer la fila en el Hospital La María de Castilla para que la orden le sea entregada oportunamente y pueda seguir adelante con su salud.

    Los trámites de su tutela son los mismos que el lunes deberá hacer para su esposo, que ya lleva veinte días con una vena biliar obstruida y con un papel que dice en mayúsculas con letra de médico “ATENCIÓN PRIORITARIA CON ESPECIALISTA”. “No voy a esperar a que mi marido se muera, para que lo atiendan”, dice Judith.

    El lunes en la mañana será una de las primeras en llegar al piso 11 de la Administración Municipal, donde se encuentra la Personería de Medellín. Allí otros funcionarios ayudan a las personas a saber si sus casos ameritan tutela y a formularlas para ser entregadas en el Palacio de Justicia.

    Esa es otra fila para hacer. Allá, en la Personería es donde empieza la solución para muchas personas a quienes les han negado el derecho a la salud y por lo tanto el derecho a la vida.

    La historia de Judith es también la historia de Teresa Urrego y de Alirio Arias, y de todas las otras personas, decenas por día, que necesitaron pelear por su salud o por la de sus familiares para mantener la vida. Todos ellos hacen parte de los logros que ha obtenido Antioquia en la cobertura de salud, pero también son parte de las deficiencias de calidad que el sistema tiene en toda Colombia.

    Un derecho vulnerado

    Entre 1999 y el primer semestre de 2003, fueron interpuestas en todo el país 145.300 tutelas por vulneraciones al derecho a la salud. De ellas, el 71% se relacionan con servicios incluidos en el Plan Obligatorio de Salud, POS, y de éstas, casi todas, el 95%, no tenían limitantes por mínimos de semanas cotizadas.

    Si esas tutelas no hubiesen sido interpuestas, las historias de muertes por negligencia se contarían por miles en todas las ciudades de Colombia, unos 87.300 ciudadanos. Esta razón vuelve a la pregunta de Judith: ¿Por qué hay que pelear por la salud si es un derecho fundamental?

    Según Alba Lucia Vélez, docente de Salud Pública en la Universidad de Caldas, “la realidad es que es tan grande la desprotección en que se encuentran determinados grupos sociales y la arbitrariedad a la que en ocasiones se ven sometidos en los trámites administrativos para reclamar sus derechos, que la acción de tutela se ha convertido en un medio expedito para ello y, en el caso de la protección del derecho a la salud, pareciera que en muchas ocasiones la prestación del servicio, procedimiento, intervención o medicamento debe ser mediado necesariamente por dicha acción”.

    El panorama del país se traslada a Antioquia donde son interpuestas un gran número de tutelas de este tipo. Según estudios elaborados por la Defensoría del Pueblo, en el departamento hay 22.1 tutelas anuales por cada 10.000 habitantes. Esto significa, que de las 145.300 acciones del país, en el departamento fueron instauradas 52.500, es decir el 36%.

    Esta situación lleva también a la discusión de si las tutelas son un instrumento de defensa de los ciudadanos o una vía alterna para acceder a los servicios de salud, en este caso; es decir, si las EPS públicas y privadas contemplan adrede la posibilidad de que las personas interpongan la tutela para ahí sí brindarles atención, mientras esperan las partidas presupuestales otorgadas por el Fondo de Solidaridad y Garantías, Fosyga.

    Al respecto, Vélez afirma: “La acción de tutela se consagró como mecanismo de protección de derechos fundamentales lo que es absolutamente necesario, pero no es clara la manera en que actualmente se utiliza, no como excepción ante la vulneración de un derecho, sino como un proceso alternativo de acceso a servicios de salud. Sin duda, éste no debe ser el instrumento de garantía adecuado para la protección del derecho a la salud en Colombia y menos como un instrumento para asegurar el acceso, así sea en un porcentaje mínimo de casos, cuando la realidad ha demostrado que no lo es. Es claro que si las políticas públicas no se cumplen y no se hacen realidad, no importa que sea el Gobierno, el legislativo o el poder judicial el que tome la decisión; quienes pierden son los ciudadanos y por ende la confianza que estos pueden tener en sus instituciones”.

    May 15

    Resistiré

    Resistiré

    Cuando pierda todas las partidas,
    cuando duerma con la soledad,
    cuando se me cierren las salidas,
    y la noche no me deje en paz,

    cuando sienta miedo del silencio,
    cuando cueste mantenerse en pie,
    cuando se revelen los recuerdos,
    y me pongan contra la pared,

    resistiré, erguido frente a todo.
    Me volveré de hierro para endurecer la piel
    y aunque los vientos de la vida soplen fuerte,
    soy como el junco que se dobla pero siempre
    sigue en pie.

    Resistiré
    para seguir viviendo,
    soportaré los golpes
    y jamás me rendiré,
    y aunque los sueños
    se me rompan en pedazos,
    resistiré

    Cuando el mundo pierda toda magia,
    cuando mi enemigo sea yo,
    cuando me apuñale la nostalgia,
    y no reconozca ni mi voz,

    cuando me amenace la locura,
    cuando en mi moneda salga cruz,
    cuando el diablo pase la factura,
    o si alguna vez me faltas tú...

    Resistiré, erguido frente a todo,
    me volveré de hierro para endurecer la piel
    y aunque los vientos de la vida soplen fuerte
    soy como el junco que se dobla pero siempre
    sigue en pie.
     
    Resistiré
    para seguir viviendo,
    soportaré los golpes
    y jamás me rendiré
    y aunque los sueños
    se me rompan en pedazos
    resistiré.